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Ana Escobar

Preludio

Hice los cálculos

Hice los cálculos.

Medí las distancias,

comprobé las coordenadas

y traté de entender las causas.

 

Todo parecía correcto.

Hasta que surgió el imprevisto.

Calculé el ángulo exacto del impacto.

 

Preví la caída, la trayectoria, el peso del silencio.

Pero olvidé sumar la variable más inestable: el ruido de lo ajeno.

Todo estaba en su sitio:

la fórmula exacta, el margen de error mínimo, la lógica impecable.

 

Luego, una sola palabra,

y rompió la arquitectura de mi certeza.

 

Hice los cálculos otra vez.

Medí distancias, coordenadas, causas.

 

El resultado era perfecto; o eso sugería la ecuación.

Entonces, la realidad se impuso:

un factor externo que no supe, ni pude, integrar.

 

A partir de aquí, las cuentas dejaron de salir.