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Ana Escobar

Acto I · Hipótesis de partida

La temperatura

Has dejado la ventana

abierta de par en par,

dices que hace demasiado

calor para este lugar.

Yo te creo por costumbre,

no por falta de atención,

hace rato que en la casa

sobran grados y razón.

Tú recoges los dos vasos,

yo me quedo en el sofá,

como si ordenar la mesa

fuera a arreglar lo demás.

Y hablamos de cualquier cosa,

de mañana, del café,

con esa facilidad

de no decir lo que se ve.

Baja un poco la persiana,

que nos sobra claridad.

Hay verdades que de frente

pierden toda su verdad.

Deja el vaso donde estaba,

no hace falta recoger.

Si esta noche se hace tarde,

que se haga tarde también.

No le pongamos palabras,

no lo quieras entender.

Hay incendios que comienzan

sin tener nada que arder.

Te has quitado los zapatos

en mitad del corredor.

Yo he fingido no mirarte.

Tú has fingido hacerlo peor.

Suena un coche ahí en la calle,

alguien ríe en el portal.

Y nosotros tan correctos,

tan absurdamente formal.

Me preguntas si mañana

yo tendré que madrugar.

Qué manera tan prudente

de decir que me quede un poco más.

Y volvemos a lo mismo,

a la lluvia, al alquiler,

mientras todo lo importante

va ocurriendo sin querer.

No fue tu mano.

Fue el espacio

que quedó entre las dos.

No fue mi boca.

Fue esa forma

de dejar una frase

sin terminar.

No pasó nada.

Y precisamente por eso

pasó todo.

Deja abierta la ventana,

ya no importa la humedad.

Hace tiempo que esta casa

ha perdido su verdad

Deja el vaso donde estaba,

deja el mundo para después.

Si esta noche se hace tarde,

que nos encuentre de una vez.

No le pongamos palabras.

No hace falta comprender.

Hay incendios que comienzan...

y nadie los quiere encender.

Mañana diremos

que hacía calor.

Y puede que sea verdad.