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Ana Escobar

Acto I · Hipótesis de partida

La última morada

Cuando el mundo se vuelve filo,

cuando las voces hieren más que el silencio,

el cuerpo retrocede,

la mente se repliega sobre sí misma

como un animal que entiende el peligro.

 

No hay refugio en las calles,

ni en las manos que antes fueron abrigo.

El exterior es enemigo,

sus sombras alargadas acechan

en cada esquina de la vigilia.

 

Entonces, queda la última morada,

las estancias secretas

donde el juicio no tiembla,

donde el alma se recoge en su propia voz

y cierra las puertas,

La última morada,

donde nadie puede entrar

si tu no abres

 

Allí, el tiempo pierde peso,

las heridas no sangran hacia afuera,

y la soledad es una tregua

en lugar de una condena,

no hace falta huir más lejos

a veces salvarse es quedarse.

 

Entonces, queda la última morada,

las estancias secretas

donde el juicio no tiembla,

donde el alma se recoge en su propia voz

y donde cierra las puertas.

La última morada,

cuando todo afuera grita

queda un lugar que todavía

sabe a tu nombre