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Ana Escobar

Acto I · Hipótesis de partida

No te pienso

No es en ti

en quien pienso,

ni a ti se inclinan

estos versos.

 

No elevo plegarias

ni invoco deidades,

ni relato hazañas

para alcanzarte.

 

No te pienso,

no lo hago,

y aun así me falta

la voz en la mano.

 

No alcanza el aliento

a decir lo que eres,

ni cabe en el pulso

lo que en ti habita.

 

No hay signo capaz

de guardar tu hondura,

ni intento que no manche

si osa tocarla.

 

No es en ti

donde acaba mi canto.

No es en ti

donde pongo mis manos.

 

Se pierde el sentido

si quiere asirte,

cede el lenguaje

si quiere fijarte.

 

No hay forma que encierre

lo que en ti desborda,

ni límite alguno

que te contenga.

 

Y por no quebrarte

en sonido torpe,

guardo el silencio

como quien se esconde.

 

No te nombro

para no herirte,

no te llamo

para no torcerte.

 

Si abro la boca,

tiembla la figura,

si alzo una frase,

se rompe la altura.

 

No alcanza el aliento

a decir lo que eres,

ni cabe en el pulso

lo que en ti habita.

 

No hay signo capaz

de guardar tu hondura,

ni intento que no manche

si osa tocarla.

 

Así me quedo,

sin prueba ni mapa,

con esta paciencia

que todo lo calla.

 

No es a ti a quien nombro,

ni en quien pienso,

mientras escribo

estos versos.