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Ana Escobar

Acto II · La teoría de lo improbable

Luna de media tarde

Hoy la luna llegó antes de tiempo,

se cruzó con el sol al pasar.

Y el cielo guardó aquel secreto

que ninguno se atreve a contar.

 

Una sombra cruzando despacio,

un eclipse queriendo durar.

Y yo pensando en esa distancia

que a veces me puede arruinar.

 

Han pasado demasiados agostos

y hay cosas que siguen igual:

tender todavía la ropa sin sol,

barrer las hojas del árbol al pasar.

 

Y yo sigo buscando

la luna de media tarde,

la que llega a destiempo,

la que nunca avisa a nadie.

 

Como llegan algunos amores

cuando ya no los espera nadie,

fuera de hora,

fuera de sitio,

como la luna

de media tarde.

 

Hay cosas que no quiero que acaben,

tardes que olvidan terminar,

el silencio que no pide palabras

porque estar contigo dice algo más.

 

Las películas en tu sofá,

no tener dónde llegar,

y acordarme de los cuerdos

cuando empezamos a delirar.

 

Versé mis versos sin decirte

que hablaban siempre de ti.

Hay verdades que sobreviven

si no las dejamos salir.

 

Dos planetas gemelos

condenados a girar,

lo bastante cerca para verse,

demasiado lejos para tocar.

 

Quizá nosotros fuimos eso:

dos órbitas buscando

el mismo lugar.

 

Y yo sigo buscando

la luna de media tarde,

porque hay cosas que llegan tarde

y no por eso llegan mal.

 

Como algunos amores

que no preguntan dónde quedarse,

encuentran un hueco en el cielo

y deciden iluminarlo igual.

 

Fuera de hora.

Fuera de sitio.

Pero todavía...

capaces de encontrarse.

 

Dos planetas gemelos

siguen girando por ahí.

Muy cerca. Sin tocarse