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Ana Escobar

Postludio

No corrijas nada

Me ofrecieron la oportunidad de volver atrás. Literalmente me pusieron delante un lápiz y una goma por si quería corregir la historia: borrar alguna palabra dicha fuera de lugar, cambiar algún «sí» que debió ser un «no» o adelantar cinco minutos el reloj para evitar un par de tropiezos. Me dijeron que podía ahorrarme unos cuantos desvíos. Y la verdad, lo pensé un segundo, pero enseguida me vinisteis vosotros a la cabeza y lo tuve claro: no pienso tocar nada.

 

Si muevo una sola pieza del pasado, quién sabe qué parte de lo que tenemos hoy se desmorona. Si no me hubiera equivocado tantas veces, tendría un corazón perfecto e intacto, sí... pero probablemente no sabría cómo usarlo ni tendría la complicidad que nos une.

 

Prefiero guardarlo todo tal cual fue. Con los planes que salieron al revés, las dudas y las meteduras de pata. Si le quito la piedra al camino, no aprendo a saltar. Y si mi vida hubiera sido impecable de principio a fin, a lo mejor habría llegado muy lejos, pero a un sitio en el que no estáis vosotros. Y esa opción no me sirve de nada.

Así que guardamos el lápiz y la goma. Cada curva rara y cada desvío de estos años solo estaban sirviendo para traerme hasta aquí. Si alguien me pregunta hoy si cambiaría algo de lo vivido, le diría que ni una sola línea. Porque al final, con todos los fallos del cálculo, el resultado sois vosotros. Y me sale a cuenta.