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Ana Escobar

Interludio

La falta de rigor

No creo en el destino, me parece una coartada demasiado conveniente,

ni en esa vieja manía de encontrar señales donde solo había casualidad.

Pero desde que apareces las distancias han perdido cierta autoridad sobre los cuerpos

y algunas de mis certezas más antiguas empiezan a comportarse de forma irregular.

Yo, que siempre desconfié de aquello que no pudiera someterse a una evidencia,

ahora defiendo ciertas anomalías con argumentos bastante cuestionables.

Debe de ser que hasta la lógica se vuelve supersticiosa algunas noches

cuando descubre que sus leyes no sirven para todos los cuerpos.

La ciencia dice que casi todo lo importante permanece fuera de nuestra vista,

que hay materia suficiente en la sombra para mantener una galaxia en su lugar.

Me gusta imaginar que el universo también oculta lo que no sabe explicarse,

que incluso el infinito tiene secretos que prefiere no confesar.

No hace falta tocar algo

para cambiar su trayectoria.

Tú quédate ahí.

Y observa.

Míranos, presumiendo de libres

mientras nuestros cuerpos deciden

por dónde quieren caer.

Si esto no existe, que alguien me explique

por qué modifica todo lo demás.

He defendido la razón con esa fe irracional que tienen algunos ateos,

como si dudar de los milagros me pusiera a salvo de cualquier revelación.

Pero hay noches en que tu cuerpo contradice siglos enteros de pensamiento

y yo abandono mis principios con una falta de rigor casi profesional.

No voy a llamarlo amor, sería vulgar resolver tan pronto la incógnita,

dejemos que los filósofos discutan si elegimos o aprendemos a necesitar.

Yo solo sé que podría marcharme cuando quisiera, y eso debería tranquilizarme.

Lo preocupante

es que sigo aquí

por voluntad propia.

También los planetas obedecen

y nadie los llama cobardes.

Giran.

Regresan.

Repiten durante millones de años

la misma absurda trayectoria

alrededor de aquello

de lo que nunca consiguen escapar.

A estas alturas

me importa bastante poco.

Hay algo que no veo

moviendo todo lo que soy.

Y después de tanto discutir con el universo,

empiezo a sospechar

que eres tú.