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Ana Escobar

Acto III

La teoría del todo

He buscado una explicación

razonable para lo nuestro.

Alguna ley de la física,

un error en el universo,

una variable escondida,

un fallo en la ecuación.

 

Porque tú y yo sobre el papel

somos una contradicción.

Tú confías en el azar,

yo necesito una señal.

Tú conviertes el peligro

en un lugar donde quedar.

Y contra toda evidencia,

contra toda previsión,

cuando todo dice «sal de ahí»

yo me acerco un poco más.

 

Debe existir

una teoría del todo

que explique por qué tú,

por qué yo,

por qué de este modo.

Qué fuerza absurda

nos cambia la dirección.

Porque las cuentas no salen,

pero funciona.

Y eso es lo peor.

 

He probado con los astros.

Con la química también.

He culpado a la dopamina,

a la luna

y al café.

 

A una infancia complicada,

al azar,

a la evolución.

Pero ninguna teoría explica

lo de tu boca

con mi falta de razón.

 

Así que hice lo sensato:

dejé de investigar.

Duré aproximadamente

dos horas y media.

Einstein buscó toda su vida

una fórmula universal.

Yo me conformaría con saber

por qué te vas

y vuelves a llamar.

 

Aunque empiezo a sospechar

que el problema de entendernos

es querer demostrar

lo que solo ocurre

No encontré ninguna fórmula.

Ni falta que hace.

 

Tú sigues siendo

mi excepción favorita

a todas las leyes

que conozco.

 

Y si alguien consigue explicarlo...

que no me lo cuente.

Hay cosas que funcionan mejor

sin saber por qué.

La teoría del todo.

Menos nosotros.