Coordenadas
Las canciones necesitan conexión a internet.
He dejado tu nombre
debajo de la lengua,
por si alguna madrugada
la memoria se despierta.
He cambiado de calle,
de café, de estación,
pero el cuerpo tiene mapas
que no entiende la razón.
Voy deprisa a todas partes,
como si supiera llegar,
con esa extraña costumbre
de no querer regresar.
Dicen que el tiempo coloca
cada cosa en su lugar.
Debe de haber algún error:
sigues donde ya no estás.
¿Cuánto hay que alejarse
para cambiar de coordenadas?
¿Cuántos trenes, cuántas noches,
cuántas vueltas a la manzana?
Yo calculo las distancias,
tú apareces donde da igual.
Debe de haber algún error:
sigues donde ya no estás.
Y si todo tiene un punto,
una cifra y un final,
dime por qué diez pasos
nos hicieron regresar.
He barrido aquellas hojas
del rincón de nuestro patio,
pero octubre tiene el vicio
de volver todos los años.
He ensayado explicaciones
razonables, convincentes:
que los cuerpos se acostumbran,
que la ausencia es sólo ausencia.
Pero algunas madrugadas
mi hemisferio racional
se declara incompetente
y te vuelve a colocar.
Quizá fuimos dos errores
con vocación de acertar,
dos cuerpos haciendo equilibrio
sin aprender a aterrizar.
Y si mañana te encuentro
comprando pan,
perdiendo un tren,
buscando las llaves
en el bolsillo equivocado,
no voy a preguntarte nada.
Me bastará con saber
si todavía bajas los ojos
justo antes de sonreír.
Porque hay cosas
que no necesitan respuesta.
Solo ocurren.
Como equivocarse de andén
y acabar exactamente
donde querías estar.
¿Cuánto hay que alejarse
para cambiar de coordenadas?
He cambiado los lugares,
los horarios, las ventanas.
Ya no calculo distancias,
ni le pregunto a la razón.
Debe de haber algún error
en nuestra localización.
Porque todo tiene un punto,
una cifra y un final,
pero bastaron diez pasos...
diez pasos nada más.
Y aquí estamos.
En el mismo punto.
En distintas coordenadas.




