Acto II · La teoría de lo improbable
Lo que no sabe que existe
Las canciones necesitan conexión a internet.
Una estrella acaba de apagarse
sin pedirle permiso a la razón.
La ropa gira dentro de la máquina,
alguien dice «te quiero» en un balcón.
Neptuno no sabe que existimos,
ni la luna conoce mi portal.
Y el mar no sabe cuántas veces
fui a contarle lo que estaba mal.
Mientras tanto el mundo gira,
sin preguntas, sin señal.
Nos creemos infinitos
con los días por contar.
¿Qué sabrá el universo de nosotros?,
si nunca nos ha visto llorar.
¿Qué sabrán los planetas del domingo,
de llegar tarde,
de querer llamar?.
¿Qué sabrá la noche de tu nombre?
¿Qué sabrá la luna de esperar?
Somos cosas diminutas
sucediendo en algún punto
que nadie va a recordar.
Y aun así...qué inmenso
nos parece amar.
Un árbol crece en alguna parte
sin saber quién dormirá a sus pies.
Una hormiga cruza media vida
por un trozo diminuto de pastel.
Hay un tren que acaba de perderse,
una cama que no quiere amanecer.
Y Saturno sigue con sus anillos
sin tener nada que resolver.
Mientras tanto el mundo gira,
con su absurda puntualidad.
Qué pequeños nuestros miedos.
Qué gigantes al pasar.
Quizá no haya ningún plan.
Quizá nadie esté mirando
Quizá el cielo sea solo cielo
y nosotros...nosotros mientras tanto.
Poniendo nombres a las cosas
para que duren algo más.
¿Qué sabrá el universo de nosotros?,
de perder,
volver,
equivocarse.
¿Qué sabrán las estrellas de este instante
si su luz llegó millones de años tarde?.
Somos cosas diminutas.
Pero dime
qué importa la eternidad
si esta noche,
en este punto del universo,
tú estás aquí.
Y yo también.
El mundo sigue girando
como si no supiera
que existimos.




