Acto II · La teoría de lo improbable
Luna de media tarde
Las canciones necesitan conexión a internet.
Hoy la luna llegó antes de tiempo,
se cruzó con el sol al pasar.
Y el cielo guardó aquel secreto
que ninguno se atreve a contar.
Una sombra cruzando despacio,
un eclipse queriendo durar.
Y yo pensando en esa distancia
que a veces me puede arruinar.
Han pasado demasiados agostos
y hay cosas que siguen igual:
tender todavía la ropa sin sol,
barrer las hojas del árbol al pasar.
Y yo sigo buscando
la luna de media tarde,
la que llega a destiempo,
la que nunca avisa a nadie.
Como llegan algunos amores
cuando ya no los espera nadie,
fuera de hora,
fuera de sitio,
como la luna
de media tarde.
Hay cosas que no quiero que acaben,
tardes que olvidan terminar,
el silencio que no pide palabras
porque estar contigo dice algo más.
Las películas en tu sofá,
no tener dónde llegar,
y acordarme de los cuerdos
cuando empezamos a delirar.
Versé mis versos sin decirte
que hablaban siempre de ti.
Hay verdades que sobreviven
si no las dejamos salir.
Dos planetas gemelos
condenados a girar,
lo bastante cerca para verse,
demasiado lejos para tocar.
Quizá nosotros fuimos eso:
dos órbitas buscando
el mismo lugar.
Y yo sigo buscando
la luna de media tarde,
porque hay cosas que llegan tarde
y no por eso llegan mal.
Como algunos amores
que no preguntan dónde quedarse,
encuentran un hueco en el cielo
y deciden iluminarlo igual.
Fuera de hora.
Fuera de sitio.
Pero todavía...
capaces de encontrarse.
Dos planetas gemelos
siguen girando por ahí.
Muy cerca. Sin tocarse




