La temperatura
Las canciones necesitan conexión a internet.
Has dejado la ventana
abierta de par en par,
dices que hace demasiado
calor para este lugar.
Yo te creo por costumbre,
no por falta de atención,
hace rato que en la casa
sobran grados y razón.
Tú recoges los dos vasos,
yo me quedo en el sofá,
como si ordenar la mesa
fuera a arreglar lo demás.
Y hablamos de cualquier cosa,
de mañana, del café,
con esa facilidad
de no decir lo que se ve.
Baja un poco la persiana,
que nos sobra claridad.
Hay verdades que de frente
pierden toda su verdad.
Deja el vaso donde estaba,
no hace falta recoger.
Si esta noche se hace tarde,
que se haga tarde también.
No le pongamos palabras,
no lo quieras entender.
Hay incendios que comienzan
sin tener nada que arder.
Te has quitado los zapatos
en mitad del corredor.
Yo he fingido no mirarte.
Tú has fingido hacerlo peor.
Suena un coche ahí en la calle,
alguien ríe en el portal.
Y nosotros tan correctos,
tan absurdamente formal.
Me preguntas si mañana
yo tendré que madrugar.
Qué manera tan prudente
de decir que me quede un poco más.
Y volvemos a lo mismo,
a la lluvia, al alquiler,
mientras todo lo importante
va ocurriendo sin querer.
No fue tu mano.
Fue el espacio
que quedó entre las dos.
No fue mi boca.
Fue esa forma
de dejar una frase
sin terminar.
No pasó nada.
Y precisamente por eso
pasó todo.
Deja abierta la ventana,
ya no importa la humedad.
Hace tiempo que esta casa
ha perdido su verdad
Deja el vaso donde estaba,
deja el mundo para después.
Si esta noche se hace tarde,
que nos encuentre de una vez.
No le pongamos palabras.
No hace falta comprender.
Hay incendios que comienzan...
y nadie los quiere encender.
Mañana diremos
que hacía calor.
Y puede que sea verdad.




